sábado, 13 de septiembre de 2008

Vinos del Interior

Cuando en Europa no se consigue (y en Baires, tampoco)

Cuando se habla de que hay aproximadamente 3000 etiquetas de vino en la Argentina, uno puede suponer que, de ellas , hay por lo menos 2000 que se consiguen en Buenos Aires y el millar restante, o menos, que es patrimonio regional que el caudillaje federalista (salvaje y borrachín) esconde a la metrópoli unitaria (fashion y “conocedora” del vino).

Veamos entonces, si ello fuera o fuese o fuere o fiure cierto, cuáles son algunas de esas etiquetas que uno sólo puede encontrar cuando decide levantar la cola del puf relleno de microbolitas y lanzarse valiente a las llanuras, valles y estepas respectivamente bonaerenses, centro-norteñas y patagónicas.

Entonces, si vamos a tomar a esta "Búsqueda Límite de Etiquetas Federales" ("BLEF") como verdadero deporte olímpico, no hace falta ir a un “wine tour” (como se dice ahora, en inglés, siempre en inglés...) sino estar atento apenas uno sale de paseo y empieza a ver campo y vaquitas.

Sin ir muy lejos, entonces, encuentro las primeras (y comienzo a sumar puntaje hacia el Medallero...) en un viaje que hago (por trabajo, siempre por trabajo...) a Santa Fe y Rosario.

En la cuna de la cerveza , Santa Fé, aparece en ignoto súper (“Cadena Dar” ¿?) , un vino llamado “Finca el Potrero de Las Mentas”. Con nombre y etiqueta tan olvidable como tiene, en las góndolas de Jumbo o Carrefour sería rápidamente salteado.

Aquí es una perla, porque en Buenos Aires, no se consigue.

Elijo un Malbec (hay también CS) que vale una bicoca, $7, 54 y lo pruebo: ¡¡la calidad es notable!!

Resulta un vinito suave, bien armónico, de aromas contenidos pero frescos, color rubí claro, sin mínima astringencia ni máxima –tampoco – complejidad.
De Agrelo y con 13, 5 grados de alcohol, forma parte de los vinos suaves, que en el mercado están cada vez más en retirada.




En resumen, es un vinito amable, tranquilo, al que le damos 5 puntos en el Sistema David, pero con posibilidades de llegar a 7, si se comprueba el mantenimiento de esta primera impresión, cuando podamos probar más botellas.

No es, claro está, un Malbec para el asado, pero si se perfila como un compañero de la mesa cuando se almuerza o cena sin tener que impresionar a nadie, sólo disfrutando.


La contraetiqueta intenta – como siempre – un fallido poema, en este caso, una elegía a “las mentas” que crecen en las acequias de la viña... Por suerte, queda espacio para saber que es elaborado y fraccionado por B-70417 RUCIP –071, para WINET.AR.S.A.

Hay también un link a http://www.winet.net.ar/ sitio al que entrar brinda lo de siempre: más datos, que no necesariamente es más información.

Sirve sí, para saber que el enólogo es Jorge Rodríguez -al que, si conociéramos, felicitaríamos- y que el encargado de ventas es Fernando Cairo - al que, si viéramos – preguntaríamos por qué un vino que se distribuye desde Mendoza hasta Santa Fe no llega a Baires.

¿O llega?
Si alguien lo ha visto, que silbe.

En la cuna de la bandera, Rosario, repito el entrenamiento de todo atleta olímpico: voy al supermercado “La Gallega” y recorro de punta a punta la prolija góndola vínica.

Descubro, asombrado, que todavía sigue existiendo el Saint Valery (¡¡un vino de Bodegas Peñaflor !!) que alguna vez hizo una buena entrada de marketing cuando llegó como vino fino con etiquetas pintadas por artistas plásticos modernos.
Hoy es una botella de 700 cc detenida en el tiempo, en segundo estante, apenas arriba del “Torito”. Conserva la obra de arte en la etiqueta, pero ha perdido presencia en las mesas.

Veo, contento, que además hay Viña Plata (de F.Flichman, Malbec- Bonarda de los mejores) pero es cosecha 2003. Dudo, dudo, y... lo agarro. Exteriormente no se ve nada raro.
Cuando lo abro en Baires me doy cuenta: corcho reseco, que deja “caer aserrín” mientras el sacacorchos lo hiere de muerte. El vino está malo, pasado, no picado ni avinagrado sino amistelado, como tantas veces hemos notado a otros.

Una pena, porque me cuesta conseguirlo en los Híper porteños.
(ya saben: si alguien lo vio, chiflé pa´ca!)


Cumplo también con el sueño permanente de probar vinos riojanos, una curiosidad que se me está haciendo obsesión.
¿Hay vinos riojanos ricos, que no sean el TREMENDO petit verdot Nina a 120 mangos?

¿Cuántos? ¿ Cuáles?

Compro una etiqueta de Parrales de Chilecito que hasta ahora no había visto: Premiado.
Es cabernet- barbera, y eso – el Barbera riojano – me tienta.

Lo pruebo en casa: ¿premiado por quien está este vino? La #*%#*!! de la ...del "Premiador".

El Sistema David es DPJ: Duro Pero Justo: ¡¡¡2 puntos!!! Eso es: Malo.

Me pone triste.

La seguimos otro día.

León

viernes, 12 de septiembre de 2008

¡¡¡Estoy muy Enojada!!!!

Mary Jade se Enoja... ¡¡NO ES CASUALIDAD!!

Una triste nota Gourmet...

Suelo comprar la Revista elgourmet.com buscando lo que – supongo – cualquier mortal / laburante / buena mina / como yo / busca cuando paga $10, 90 una revista : notas de actualidad gastronómica, opinión especializada de columnistas prestigiosos y conocedores, data precisa, producciones temáticas de calidad, buenas fotos, y un nutrido etcétera.


Por estoicismo, uno aguanta que todo esto deba descansar sobre el soporte de la publicidad, como sucede en cualquier ámbito de la vida capitalista moderna.

Por oposición, justamente, se puede enumerar lo que uno no espera de la revista: notas livianas y truchas, un título engañoso que busque vender desde la tapa lo que adentro no se despliega o el truco más viejo del mundo: recurrir a “la publicidad disfrazada de nota”, para hacer creer que un informe es eso mismo, y no el chivo pagado por una empresa para que se hable bien de ella.

Lamentablemente esto último es lo que aparece en el actual número 43, de septiembre de 2008, de elgourmet; que en tapa anuncia “Cervezas Artesanales: las mejores espumas del mercado” , y que por eso la compro.

La nota es una malísima tomada de pelo en la que el ¿especialista? Maco Lucioni se arrodilla sonriente frente a las migajas que seguramente le han echado en su boca las 3 empresas que se venden en la pseudo–nota: Otro Mundo Brewing Company, Cervecería Antares y Stone Brewing Co. Argentina.

A la explicación de lo que es la cerveza -a esta altura ya demasiado repetida y digna de “Anteojito” o “Billiken” - sigue el falso comentando que las cervezas artesanales en la Argentina han despertado gracias a las iniciativas emprendedoras de “microcervecerías orientadas a la elaboración de un producto de calidad.”

Lo que sigue es lo más denigrante que he leído en esta revista en mucho tiempo: tres secciones dedicadas a chivear las excelencias de cada una de las 3 cervecerías patrocinantes, sin ningún tipo de tapujos y sin sonrojarse frente a la burla hacia el lector.

A esta altura del siglo XXI, decir que Otro Mundo Brewing Company es un emprendimiento artesanal, me provoca hipo; que Antares es cerveza casera, me da risa; y no decir que Stone Brewing Co. Argentina no es más que una franquicia, me da escalofríos ...¡ojo!: me gustan las 3 marcas; pero lo que falta ahora es que a los lectores nos quieran vender que Coca Cola es una empresa familiar, o que Brahma y Quilmes no son oligopolio...: Sí, claro, sí, sí, sí...les creémos.

La nota sigue resbalando en caída libre a lo largo de 4 páginas y su final es de antología.
Si bien el falso comienza el cierre pareciendo reconocer la explosión bendita de lo artesanal cervecero al decir “Por último, no hay que dejar de hacer referencia a la importante cantidad de cervezas artesanales que se elabora en diferentes rincones del país (y que –evidentemente – el falso desconoce) y que se puede disfrutar en los distintos bares que las fabrican allí mismo, o que también embotellan para su comercialización”; retoma inmediatamente su genuflexión advirtiendo: “Éstas (cervezas) son generalmente de tipo Ale, y las hay en variados estilos y calidades a veces desparejas, aunque una sana recomendación es disfrutarlas en su lugar de producción, ya que muchas se desequilibran con el traslado, así como es común encontrarse con botellas vencidas o viejas.”

O dicho como sus patrocinantes lo hubieran querido: “Compre nuestras 3 cervezas, las demás son porquería”.

El lector - engañado - se pierde algo verdaderamente rico y esperanzador: el mundo genuino de muchísimas cervezas artesanales que florecen en todo el país y enhorabuena sacuden la modorra de la espuma comercial, más allá de gustos personales y de – hay que decirlo – calidades que aún dejan que desear.

Pero ese asunto de la calidad y el relevamiento - serio, exhaustivo , tomando y no vendiendo - se lo dejo a la gente de http://www.tomenepente.blogspot.com/. - :)

Ellos harán, como debe ser, el Proyecto Inventario de Cervezas Artesanales Argentinas Tomables Y No TantO ("PICAATYNTO") (pronunciar como una cordobesa, con la "a" arrastrada...) entre las que no pueden faltar Quarryman de Tandil (comentario guacho de una amiga muy perra-: "la cerveza es rica, pero la etiqueta me dá Gay...") , Monje Negro en Ciudad de Buenos Aires, la excelente Bersaglier hecha en San Martín, las variadas y riquísimas Jerome fabricadas en Mendoza, al pie de la Cordillera del Plata, la ya clásica El Bolsón, la Barba Roja, modesta pero artesanal y otras tanas que he tomado y no recuerdo...

Lamento que una revista prestigiosa como elgourmet.com tenga que caer en estas patrañas para quedar bien.

Ahhh!!
¿El falso qué?
Especialista.

Mary

sábado, 19 de julio de 2008

En contra de la Ecología

Mari Jade contra la "Amenaza Verde"

¡ABAJO LA ECOLOGÍA!

(¡Arriba la Enología!)

Los días de frío castizo, macho (por que se te mete) y porteño, son ideales para la "comida fusión": un buen platazo de guiso, y se te hace una fusión nuclear en el estómago; pero que entrás en calor, entrás.

Estos días me gusta darme un gusto que me gusta, que es gustar de una comida "tipo" casera, o - al menos - de las que hacían antes en las casas: pucheros, guiso de mondongo, lentejas, humitas, papas hervidas, ¡pastel de ellas! y un lindo etcétera.

Elijo, entonces, lugares que me provean de dichas calorías que tanto bien le hacen a mi pancita de treintona, esa que todos juzgan pero que a nadie molesta cuando consigue mirarla desde abajo.
(Perdón..., es que el frío me da calor...)

Por eso digo que cuando puedo elegir comer rico y casero, voy a un lugar en Barrio Norte que se llama Cumaná, sobre Rodríguez Peña, casi esquina Santa Fé.

Ambiente decorado a la campestre antigua, muchas mesas, clientes jóvenes y medianos, atiborrado a la hora de almorzar o cenar, oficinistas, grupos, turistas... y todo esto lo digo no como nota de forma, sino porque es fundamento crucial de mi cruzada contra la Amenaza Verde.

Llego y me siento cerca d ela barra, donde se despcha también el delivery. Me siento incómoda, pues las sillas son lindas, pero de terror: una no entra y rompen la columna vertebral (¿o estaré gorda?).

Siempre que voy allí a comer rico y suclento, pongo en marcha un infalible y sinisetro plan: llego temprano para conseguir lugar, de entrada ordeno algo que tarde y de plato principal pido - luego algo que salga rápido - y así estiro 2 horitas entretenida.
Pero lo más importante es que siempre que voy allí, pido a Hansel y Gretel.

sábado, 21 de junio de 2008

Cuatro Sanjuaninos de Ley

VINITOS SANJUANINOS


Si hay un vino "que hizo famoso a San Juan" es el mítico Resero Blanco Sanjuanino, de botella alta, litrera, tapa arosca infalible y vinificado (probablemente) con más Malvasía que el declamado Torrontés, para un público que curiosamente no era tanto el bebedor sanjuanino, sino el laburante -clase baja bonaerense que durante mucho tiempo prefirió un vino blanco no solo de aromas fragantes (Torrontés, Chenin, etc.) sino muy especialmente un sabor final abocado.

Costumbres de otros tiempos, a las que ya dedicaremos el espacio que merecen, junto con el recuerdo de "Los Grande Pioneros Populares": el citado, Crespi Seco, Bordolino, Talacasto, Casa de Troya, Rojo Trapal y el "highlander" Termidor.

Esta noche de amigos, mesa, buena cena y vinitos, el Resero nos está presente, pero hay, en cambio, otros 3 Sanjuaninos de Ley, que degustaremos mientras comemos.

Ellos son: Cactus, El Guardado y Mora Negra.



martes, 27 de mayo de 2008

25 de Mayo – Empanadas y Vino

25 de Mayo:

Una razón de lo que degustamos.

En la fría tarde patria, los amigos reunidos a la mesa con botellas de vino, algunas palabras y las empanadas geniales de la Gran Matrona Maggi y la Matroncita Vero, nos aproximamos apenas a una instantánea de la vinicultura Latinoamericana.

Descorchamos 5 países, según esta relación:

1.- Un vino español, recordando que allá el nombre del vino es por Región, en la que la ley dice estrictamente qué variedades pueden sembrarse y cuáles no. Así tenemos los Rioja, los Jerez, los Ribera del Duero, etc. Así España que está dividida políticamente en 19 Comunidades Autonómicas, tiene 42 Regiones vinícolas cada una con sus variedades autorizadas.

2.- Vinos Brasileños, país falto de tradición vitícola, pero que está haciendo sus primeros pasos, sobre todo en blancos. Hay dos regiones bien definidas para las uvas en Brasil: el Sur – Estado de Río Grade do Sul y el Valle del Río Sao Francisco, entre los Estados Pernambuco y Bahía.

3.- Vinos Peruanos; país que sí tiene larguísima tradición vitícola ligada a la producción de Piscos (bebida blanca destilada de la uva) , aunque escasa vinícola: los vinos se hacen en la región costera del sur: Pisco, Ica.

4.- Vinos Chilenos; país referente (y competidor) junto con Argentina. En Chile los vinos se conocen por su cepa (especialmente Cabernet sauvignon, merlot y carmenére –la cepa insignia nacional-) y a la vez por el Valle de procedencia. Hay en Chile 13 Valles en los que se cultiva la vid: Valle Central, Valle de Elqui, Valle de Colchgua, etc.

5.- Y Argentinos!!! Para comparar y seguir probando.

La Degustación

I) Destapamos primero el español: Gran Sangre de Toro, un Penedés (región cercana a Barcelona) corte de 3 uvas: Garnacha, Mazuelo y Syrah

(ver fotos de estas variedades en http://www.lariojaturismo.com/multimedia_contenidos/19_1.tipos_de_uva.swf )


Aquí fue donde Maggi confesó - para sorpresa de muchos, pero confirmación de otros tantos - que desde sus años mozos, es amante incondicional de la Garnacha.

Superado ese momento difícil, pasamos el vinito al decantador para que respire. Era cosecha 2000 y había que ver como estaba.

II) Probamos luego vinos blancos de Brasil: un Chardonay – Salton Volpi 2005, de Bodegas Salton- que lo comparamos con un Trapiche Chardonnay 2007 ($11 en góndolas)- y en general el argentino gustó más, especialmente a Alejandro "misil" Libertain ("va irecto al blanco")
Siguió un Salton Classic Reserva Especial de variedad Gewurztraminer – cepa de Alsacia – cosecha (“safra” en portugués) 2004 que resultó rico y preferido por la mayoría. Aromas florales y frutales muy intensos, que parecen ir para el lado del Torrontés, pero un sabor muy diferente, mucho más seco.

Salton es una de las grande bodegas industriales de Brasil, junto con Miolo y Piagettini.

III) Vinieron luego dos tintos Peruanos: Tabernero, de Ica – en el sur- un corte de Malbec /Merlot muy prolijo, ajustado, liviano y rico. En general gustó mucho; hablábamos con Guille que deberíamos tomar más seguido cortes de Malbec / Merlot argentinos; tal vez hubiera sido bueno ponerle a lado un Ampakama Malbec/ Merlot, sanjuanino de Casa Montes ($11 en Jumbo, lo recomiendo).
El otro tinto fue un Tacama Selección Especial 2006, blend de Tannat y Petit Verdot, cepas no tan comunes al paladar argentino. Igualmente, no estaba tan bien logrado, faltaba redondez, vivacidad.

IV) Continuamos con Chile: primero una degustación a ciegas de dos Cabernet Sauvignon. Sostengo, machaco y aburro con que es siempre muy interesante lo que pasa cuando uno toma el vino y no la etiqueta: la preferencia unánime fue para el chileno. Era un Santa Digna Reserva 2004, también de bodegas que el español Miguel Torres compró en el Valle Central: rico, redondo, suave, comprador; el argentino un San Felipe Roble 2005 ($18)

Luego pasamos a un Carmenére: 120 Tres Medallas de Santa Rita, 2005, también de Valle Central. Muy rico, diferente, logrado, suave, ideal para conocer la tipicidad de esta uva. El Dr. Charles De Luc – de gran olfato – dice en un momento: “Si cierro lo ojos y lo huelo, parece Chardonnay”. “Está bebido” – pensaron inmediatamente todos para sus adentros, pero no era (tan) así: ¡¡¡¡¡¡efectivamente tiene una notas de aroma a Chardonnay !!!!!! Habrá que investigar más este sensacional hallazgo.
Rico vino; a Sabrina la gustó mucho.






UVA CARMENÉRE





Completamos con un chileno más: Panul, Cabernet Sauvignon / Carmenére, 2006, del valle de Colchagua, como para ver qué pasa en la boca cuando ambas potencias se unen: pasó poco; un vino correcto pero más bien corto, discreto, sin vuelo. Habrá que ver otras opciones de etiquetas para esta combinación; y darle al Panul otra oportunidad, como a todo en la vida; menos al sodero.


Terminamos la velada con guitarras y el GST (Gran Sangre de Toro) que había respirado en el decantador. Estaba bueno y también correcto, aunque sin ser de otro mundo. Guille le hizo honor y tomó un trago por cada canción que tocó.
Con el último canto, el 25 de mayo llegó a su bello final, con la sensación de la tarea cumplida: Latinoamérica Unida, jamás será vencida, aunque sí bebida.



León Garcia

viernes, 23 de mayo de 2008

¿Cuál es el Vino del Asador?

El Compañero de la parrilla

Hay un momento sublime en la vida semanal de todo "carnívoro - cavernícola-argentino-con-sangre-en-la-venas" que es el archiritual patrio de hacer asado.
Nao vamos a bundar aquí contando las infinitas formas de afrontar dicha ceremonia (tantas como asadores) sino ir directamente al grano - de uva- con preguntas y respuestas: en la soledad del proceso de preparación, que va desde aprontar la parrilla, presentar la merca, desplegar los cuchillos, prender el fuego, salar la carne y comenzar a asar; 1) ¿Es legítimo que el asador se baje un tubo de tinto?, Sí ; 2)¿Es necesario?, Sí. 3) ¿Puede ser el mismo vino que luego va a tomar en la mesa? Sí, pero también no.

Entonces vale preguntarse: 4) ¿Cuál es el vino del asador?

En mi caso, no sigo la ortodoxia gourmet que indica un vino para cada momento, tal como no la sigue el 98 % del país.
Sí, en cambio, una ortodoxia digamos "borracheril / utilitaria", propia, pero que repite el 70 % del mismo país: un tinto liviano como vinito ladero al costado de la parrilla, la picada con vermouth y soda, y un vinito más elegante para honrar las carnes en la mesa.

Del vermú y la mesa, otro día falamos.

Al vinito ladero, el "del asador" lo prefiero con cuatro atributos: tinto, liviano, tranquilo y barato.

Son varios los los que tienen estos 4 atributos, los nombro en orden de preferencia.
1°.- Me gusta mucho como vino de asador el Michel Torino Colección Cabernet Sauvignon (7 puntos en el SD): suave, dulce, sin taninos ni astringencia alguna.
2°.- Le sigue en mi preferencia el Finca Natalina Malbec (8 puntos en el SD): un vino diferente (no sólo para su precio), suave pero con personalidad, liviano pero sabroso;
3°.- Me acompaña a menudo el Viña Plata, de Finca Flichman, un clásico "borgoña" de los de antes (Malbec-Bonarda) con excelente relación precio calidad, 7 puntos en el SD, pero caído de este tercer lugar del podio, por no conseguirse tan fácilmente.
A él lo está reemplazando el Finca Beltrán Dúo, Tempranillo -Malbec -6 puntos en el SD: un vino algo más fuerte que los otros tres mencionados, pero también sabroso, algo más desdibujado de variedad y de elegancia, pero en una tensión entre amabilidad y presencia en boca, admirables para su precio.
5°.- El Atilio Avena Borgoña, el Cuesta del Madero de San Telmo y el Hereford Mejor Ejemplar de Andean Wines, también son excelentes compañeros de las brasas en proceso de encendido.

Los que no prefiero como vinitos de asador - y no porque no los prefiera a ellos en otras circunstancias; muy por el contrario: ¡los amo!- son: el Bianchi Margaux y el Traful de López, por demasiado suaves; al dúo dinámico de Chandón: Valmont / Beltour, por demasiado elegantitos, más para pizza / pasta que para grasa; a los otros hermanos Bianchi, Borgoña / Don Valentín, ideales para comidas de invierno "adentro" y no para parrilla, y a la fiel Caramañola San Felipe de La Rural, a la que prefiero de tarde en tarde como musa inspiradora antes de cenar.

Aún sabiendo que varios dignos quedan fuera, son esos los que prefiero como vinos de asador, y los trato de tener en casa cerca de la parrilla o llevarlos en el bolsillo del guardapolvo cuando me toca compartir el fascinante mundo de AH! (Acer Hasado)

El vino del asador, si se mantiene así - liviano, amable, tinto y barato - es una gran compañía en la previa a sentarse a la mesa a disfrutar del asadito recién hecho. Ojo porque con un tubo encima hay que sentarse a comer... y a ¡seguir tomando!


León Garcia


domingo, 27 de abril de 2008

Las historias de Mari Jade - Casualidad 3

La Disyuntiva de la Empanada

Hola amigos y amigas; otra vez por acá, para tener con ustedes una casualidad más en común: historias cotidianas con algo de sal y pimienta.

Como todos saben, mi vida es... un desastre...

¡No! Jajajajaja...eso es lo que se nos escapa de una a las treintañeras que todavía estamos en la lucha por atrapar y apuñalar con un cuchillo sin filo a la que inventó el concepto de Príncipe Azul....; en verdad, mi vida es una felicidad desastrosa, que es muy diferente.


Pero vamos a lo que les quería decir: como ustedes saben, mi vida es andar de aquí para allá llevando y trayendo papelitos que – dicen – son como plata, y lo hago a pata, pues mis viáticos prefiero invertirlos en comida, ya que me gusta almorzar y cenar bien.


En este contexto, vale decir que Retiro es uno de los barrios más difíciles para ambas cosas: caminar y comer rico y barato.



Afortunadamente, lo conozco como la palma de mi mano, porque hace años tenía un novio en Villa Pueyrredón, que tomaba el tren todos los días, ida y vuelta.



En Retiro (el “alto” y “el bajo”) hay pocos lugares para comer pero algunos de ellos son tan singulares y/o preferidos, que vale la pena tenerlos muy en cuenta. Les voy a contar hoy lo que me pasó –por casualidad- en un lugar lindo de la calle Esmeralda y Libertador, llamado “Cosas Nuestras”; comida criolla sin pretensiones pero bien hecha; humita en chala sin más vueltas ni verso que entrar, pedirla, esperarla, comerla y quemarse (inevitable).



Lugar lindito, siempre apretado, tinajas en las paredes y cocina escondida (como todas, bah!).
Un día (medio) voy a almorzar allí y me encuentro con viejos amigos conocidos de nuestra época dorada de cadetería peatonal – y no del motoquerismo burgués y mercenario actual - ; años de oro, con la diferencia de que ellos ahora son profesionales, y mamá no...; pero bueno, esa es otra historia, como la del Asesinato de Príncipe Azul.



Entro y como ya estaban en una mesita de 4, me sumo en la punta. Como con ellos no tengo que caretear – porque casi me parieron, me junan y son los que me pusieron “la Jade” – pido una humita en chala y opto por un placer propio, íntimo y que encanta: una botellita personal de Trapiche Sauvignon Blanc, bien frío.



Charlamos de variedades, amagamos con repetir historias irrepetibles (porque estamos ya demasiado grandes) y disfrutamos de la buena compañía de quienes no son amigos, pero actúan juntos como si lo fueran.

En eso, casi simultáneamente, la moza a) trae mi vinito, b) me dice que le humita “se va a demorar un poco” (en este lugar siempre lo dicen “después”) y c) deja el pedido previo de empanadas que mis amigos ya habían realizado, por haber venido antes.

Me ofrecen entonces una empanada de carne, mientras estoy por girar la rosca de mi blanquito.
¡Qué momento! ¡La ortodoxia dice que las empanadas de carne van con tinto, pero yo deseo disfrutar el blanco con mi humita!
¿Cambiar a tiempo? ¿Pedir, además, un tinto?

Nada de eso; eso es de revistas y libros. Acepto la empanada – frita, jugosa, rica, caliente – y pido a la moza unas rodajitas de limón.
Así – bien a la tucumana – se muerde la punta de la empanada y se le echa un chorrito de limón al interior. La combinación de sabores es muy buena, y vino ideal para que el Sauvignon Blanc – un vino color amarillo verdoso, perfumado, cítrico, rico, con presencia pero delicado – se bancara la contundencia del relleno carnívoro.

A partir de ahí, todo fue charla, risa y recuerdo en esa mesa; y hasta nos sacamos unas fotitos. Cuando llegó la humita todavía me quedaba media botellita de Blanco; y ahora sí: la combinación entre la tersura cremosa y dulce de la humita y la acidez y frescura del Sauvignon fue para recordar durante mucho; como nuestro encuentro...




Mary